Mi primeros meses fuera de Cuba: mi experiencia estudiando en Italia.

Mi primer año fuera de Cuba fue una mezcla de vivencias. Ahora te explico por qué.

En enero de 2023 ya sabía que me iría a estudiar a Italia. No estaba del todo segura, pero ya me sentía en el avión. En febrero de 2024 recibí la confirmación: me habían aprobado la beca. Todo era color de rosa. Yo pensaba: “Bueno, es solo un año, voy y regreso.” Qué ilusa fui.

A diferencia de muchos, yo no tuve que sacrificarme buscando dinero para salir. Esa beca lo incluía todo, incluso me pagaban por estudiar allá. Y créeme: salir de Cuba no es nada fácil.

Llegar a Italia: el sueño 

En septiembre de 2024 llegué a Italia. No sé tú, pero de donde yo vengo, hasta lo más mínimo parece hermoso e interesante. Es como volver a nacer porque te encuentras rodeada de tanto desarrollo… un sueño, literal.

Una semana después me tocó enfrentar la realidad: tenía que estudiar como una loca. Para eso estaba allí. Amaba estudiar y me encantaba lo que hacía. Pero… todo era en inglés. Al principio casi no podía comunicarme. Pasé trabajo para hacer amigos, para entender las clases, para estudiar.

Con el tiempo, mis compañeros se convirtieron en mi familia, y ese fue mi sostén. Ellos entendían mi situación con el idioma y me enseñaron prácticamente todo lo que sé hoy.

Yo entendía perfectamente, pero no podía hablar. Con el tiempo fui mejorando y aprendí a comunicarme. Es lógico: cuando te rodeas de personas que solo hablan inglés, si quieres sobrevivir, tú también tienes que hacerlo. Creo que hablaré más de eso en otro blog.

Estudiaba muchísimo, casi no tenía tiempo para nada más. Lo doloroso era que, por mucho que me sacrificara, no sacaba buenas notas. A veces me demoraba una hora estudiando solo un par de diapositivas. No exagero. Otras veces llegaba al examen y se me olvidaba todo. Fue muy triste ver que, aun con mi esfuerzo, no aprobaba.

El momento de partir 

En febrero de 2025 recibí la noticia de que tenía que irme.

Al principio fue un choque muy fuerte. Para mí y para mi familia. Aún lo es. Pero creo que todo sucede por algo. Ese no era el lugar donde debía estar. Después de mucha guerra mental, lo entendí y sentí una paz enorme. Me sentí liberada.

Tomé mis cosas y me marché a España. Reemplacé mis sueños por otros. Desde la distancia me volví a despedir de mi familia, y esa vez fue una despedida de esas en las que no sabes cuándo volverás a verlos.

Si te preguntas por qué no regresé a mi país, la respuesta está en la voz de una madre que te pide que no vuelvas, porque ve un futuro mejor para ti lejos de allí.

Ahí comenzó mi viaje como migrante. Pero esa es otra historia.


 

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