Los trabajos que hice antes de descubrir el mundo online

Un vida de la cual siempre estaré orgullosa

trabajos que hice antes de trabajar online

Mi vida real como migrante en España

Cuando terminé mi último blog te conté cómo dejé Italia y me fui a España. Ese fue el momento en el que empezó mi vida real como migrante. Y aunque yo pensé que lo más duro había sido dejar atrás mis sueños en Italia… estaba equivocada. Lo más difícil comenzó en Barcelona, cuando me tocó enfrentarme al mundo laboral sin papeles, sin experiencia en Europa y con una necesidad enorme de salir adelante.

Hoy quiero contarte, sin filtros, todos los trabajos que hice antes de descubrir el mundo online. Porque nadie empieza arriba. Nadie empieza desde lo digital. Antes del laptop, las plataformas y los ingresos remotos… hubo sacrificio, trabajos que no quería y experiencias que me cambiaron la mente para siempre.

Llegar a España: volver a empezar otra vez

Cuando llegué a Barcelona, me fui directamente a casa de mi familia. Estaba cansada, emocionalmente rota por lo de Italia, pero con esa mezcla de miedo e ilusión que solo los migrantes entienden.

A los pocos días dije:
“Bueno, hay que buscar trabajo.”
Porque si algo tiene la vida de emigrante, es que no te da mucho tiempo para respirar.

Descargué una aplicación que se llama Domestica24, donde familias buscan empleadas del hogar, cuidadoras o internas. Mandé varios mensajes y a las tres semanas recibí una oferta: trabajar de interna con una familia de holandeses que vivían en Barcelona y hablaban inglés.

Acepté sin pensarlo demasiado. Tenía que trabajar.

Mi primer trabajo: interna con una familia holandesa

La familia estaba formada por tres hombres:
– Un señor mayor
– Un joven de 18
– Y un niño de 7 años, precioso, con quien sí podía hablar español

Mis responsabilidades eran simples, pero agotadoras:
limpiar, cocinar, mantener la casa en orden y darle clases al niño.

Lo bueno es que ahí reforcé muchísimo mi inglés. Con el joven y el padre solo hablábamos en inglés, y al principio me costaba, pero poco a poco fui mejorando. El niño era el único con el que hablaba en español.

La parte bonita?
Sí, la hubo.

La parte difícil?
Ser interna es perder tu vida.
No tienes privacidad.
No tienes horarios claros.
No tienes libertad.
Y un día libre es un problema.
A veces sentía que vivía en pausa, como metida en una burbuja donde la vida real seguía afuera, menos yo.

Después de un mes, la familia viajó a Tenerife y decidí irme con ellos para seguir trabajando. Pasé dos meses allí.

Tenerife: bonito pero agotador

Te voy a ser sincera: Tenerife fue hermoso.
La playa, el clima, la gente, la comida. Es un lugar que algún día quiero volver a visitar, pero como turista, no como trabajadora interna.

Porque incluso con un paisaje de postal, yo me sentía drenada mentalmente. Levantarme y acostarme en el mismo lugar donde trabajaba me hacía sentir atrapada. No es vida para nadie.

Cuando regresamos a Barcelona, yo sabía que necesitaba otro tipo de trabajo. Algo que me diera aire.

Volver a empezar: repartir currículums por Barcelona

Cuando volví, empecé a buscar trabajo de camarera. Esta vez con mi prima, que estaba pasando por lo mismo. Imprimimos muchos currículums y empezamos a repartirlos a pie, entrando en cada cafetería y restaurante que encontrábamos.

Fue la mejor estrategia.

Conseguí trabajo en un restaurante italiano. Al principio solo para los fines de semana. Luego terminé trabajando todos los días. El ambiente era mejor, los clientes eran amables y la experiencia me ayudó a adaptarme más a la vida en España.

Pero después apareció otra oferta…

El restaurante buffet japonés: la experiencia más dura

Un día vi una vacante en un restaurante buffet japonés. Me presenté. Me aceptaron. Y ahí comenzó una de las etapas más difíciles de mi vida laboral en España.

Todos los empleados eran chinos. Todos.
Y yo era "la nueva", "la extranjera", "la indocumentada".

Te voy a hablar con la misma honestidad con que escribo este blog:
fueron las personas más racistas con las que he trabajado.

No quiero generalizar, porque sé que no todos son así. Pero en ese lugar, donde estaba yo, sí lo eran.

Para ellos yo era:
– La de la limpieza
– La de la basura
– La que tenía que correr
– La que hacía los trabajos más pesados
– Y también la camarera

Yo trataba de entenderlos, te juro. Pensaba: “Quizás es su cultura, quizás es la presión del restaurante…” Pero no, al final entendí que no era eso. Era simplemente que se creían superiores.

Pero aun así, aguanté bastante, porque me pagaban un salario que, en ese momento, para mí era bueno.

Hasta que un día dije basta.

Sin explicaciones, sin despedirme, sin mirar atrás.
Solo me fui.

No podía seguir entregando mi vida, mi energía y mi paz a un trabajo que me hacía sentir menos.

Buscar libertad: mi primer contacto con el mundo online

Cuando dejé el restaurante, empecé a sentir algo dentro de mí que llevaba tiempo apagado: la necesidad de encontrar libertad.
De buscar otra vida.
Otra forma de ganar dinero.
Una que no dependiera de estar 10 horas parada, limpiando, obedeciendo o soportando maltratos.

Lo curioso es que mi primer ingreso online no ocurrió en Barcelona.
Ocurrió en Tenerife, cuando todavía era interna.
En mis ratos libres, hacía pequeños trabajos relacionados con lo que había estudiado en Cuba. Cosas simples, pero que alguien estaba dispuesto a pagar.

Y cuando recibí mis primeros euros de manera digital…
Fue un shock.

Para alguien que viene de Cuba —donde trabajar no garantiza nada, donde el salario no alcanza, donde el acceso a internet es limitado— ganar dinero online parecía imposible.

Pero ahí me di cuenta de algo que cambió mi vida:

Lo imposible solo es invisible.
Y los sueños… los sueños son el mapa.

Ese día entendí que la libertad no se encuentra de un golpe. Se construye.

Mi transición: del trabajo físico al trabajo online

Mientras tenía esos trabajos, una amiga cubana (gracias a ella) me habló sobre Upwork y me abrío los ojos, pero no fue hasta que de verdad me sentía en un hueco que empecé a investigar sobre todo, y más, en Google:

“Cómo ganar dinero online”
“Trabajo remoto sin experiencia”
“Freelancer para principiantes”

Y así comenzó todo.

Probé cosas que fallaron.
Probé cosas que sí funcionaron.
Hice cursos.
Me abrí perfiles en varias plataformas.
Y empecé a trabajar online poco a poco.

No era perfecto.
No era estable.
No ganaba miles.

Pero era mío.
Era mi trabajo.
Mi libertad.
Mi puerta abierta al futuro.

 Lo que me dejaron esos trabajos

Hoy, cuando miro atrás, agradezco cada etapa.
Porque todas me enseñaron algo:

🔸 Ser interna me enseñó lo que significa perder la libertad.

Y por eso hoy la valoro tanto.

🔸 Trabajar en restaurantes me enseñó disciplina.

Y a no conformarme con ambientes que me tratan mal.

🔸 Trabajar con jefes difíciles me enseñó que yo valgo.

Que nadie es superior. Que nadie puede definirme.

🔸 Y ganar mi primer euro online me enseñó que otra vida era posible.

Y que yo era capaz de cambiar mi destino. 

Hoy… sigo construyendo mi camino

No tengo todo resuelto.
No tengo la vida perfecta.
Ni el éxito garantizado.

Pero tengo algo que antes no tenía: claridad.

Y cada día me acerco más a una vida donde trabaje desde donde quiera, con las personas que quiera, y sin depender de un jefe que me quite la tranquilidad.

Este blog es parte de ese proceso.
Parte de mi historia.
Parte de mi reconstrucción como mujer, migrante y soñadora.

Si estás pasando por algo parecido…

Quiero que sepas algo: no estás sol@.

Los trabajos duros no te definen.
Tu estatus no te define.
Tu pasado no te define.

Lo que te define es tu capacidad de levantarte, reinventarte y seguir intentando.

Si yo pude empezar desde cero, sin papeles, sin estabilidad y sin apoyo económico…
Tú también puedes.

Y si quieres seguir acompañándome en este camino al mundo digital, aquí te espero en el próximo blog.

Porque esta historia apenas empieza.

 

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